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martes, 29 de diciembre de 2009

Final de curso

El 2009 se despide y este año sí, lo hace con cotillón y fuegos artificiales. Cuando a priori estos últimos coletazos del 2009 serían el momento ideal para la reflexión y hacer balance del año, sorpresivamente tenemos un interesantísimo debate sobre el futuro del baloncesto español que lo abrió ni más ni menos que el presidente de la Federación Española de Baloncesto, José Luís Sáez cuando replicó unas declaraciones previas de su homónimo en la ACB, Eduardo Portela.

Terremoto habemus.


La ACB saca

Un revolucionario Portela reclamó mayor independencia respecto a la FEB y ni corto ni perezoso restó méritos a la FEB en los incuestionables éxitos de las selecciones nacionales en la última década. Bueno, mayor independencia o, el deseo real, romper cualquier dependencia porque según Portela y su séquito no hay necesidad de tener que consensuar si uno ya sabe lo que es mejor en todo momento. Parece que la diplomacia tiene fecha de caducidad, la paciencia es limitada, el pasado siempre está presente o al dicho que el roce hace el cariño, yo añadiría que también puede generar un salpullido.

Las palabras de Portela que, por cierto, vieron la luz pública en el diario deportivo AS, para muchos son, incluso después de pasados unos días, difíciles de comprender porque aparentemente no había síntomas de fricción entre ambas instituciones más allá de los que tradicionales derivados de la bicefalia. Quiero recalcar de esta historia que Eduardo Portela no utilizó para exponer su preocupación la vía de comunicación institucional de la ACB, su propia página Web, y, en cambio, escogió un medio futbolero para ello. Simplemente esto, me parece un detalle a tener en cuenta que seguro que habrá levantado suspicacias en más de uno.

Evidentemente que Portela no habló por hablar de la misma manera que el periodista de AS tampoco fue elegido por un capricho del destino; el veterano mandatario tenía un fin muy definido para volver a hurgar en la que desde hace más de dos décadas es la mayor herida del baloncesto español. Portela quiere para la ACB autonomía absoluta, no quiere que en las decisiones de la ACB se tengan que contemplar premisas establecidas por la Federación Española de Baloncesto. Lo puedo comprender porque en cierta medida a todos nos gusta ser autosuficientes a pesar de que también sepamos que cuatro ojos ven más que dos. El único pero que pongo a Portela es que hablar primero es un riesgo que no hay porque asumir o al menos tiene que estar muy bien calibrado. Ser el que prende la primera llama es peligroso porque puedes quedar chamuscado y si no queda más remedio que lanzarse a la piscina porque la situación así lo requiere, se tiene que hacer desde una posición de fuerza y, por encima de todo, tener garantías de que hay agua. Personalmente no tengo claro que la ACB en estos momentos cuente con una posición sólida, como tampoco creo que la tenga la Federación, pero cuando uno coge el rol de líder, tiene que ir con pies de plomo porque las réplicas suelen estar cargadas de sustancia.


La FEB resta

Lógicamente, Sáez tiene que defender lo suyo y así lo hizo. Es el presidente de la FEB y no puede permitir que absolutamente nadie discrimine el papel de ésta en el baloncesto español. Respaldado por unos excelentes resultados en los años que lleva al frente de la Federación y con la templanza de haber tenido tiempo para madurar qué y cómo decir su mensaje, José Luís Sáez tiene confianza para aceptar cualquier desafío que se le presente. Sáez, en esta ocasión en unas declaraciones al también diario deportivo MARCA, entró en el fragor del combate de la misma manera que en los años ochenta lo hacía Mike Tyson: sin miedo y con los “eyes of the tiger”. El presidente de la FEB no pudo hablar más claro y tras leer sus palabras reiteradamente, me quedé con la sensación de que estaba profundamente dolido por unas palabras que le habían cogido por sorpresa. Como era previsible, Sáez arremetió contra Portela, pero lo hizo de una manera especialmente dolorosa dado que utilizó datos concretos que definen una realidad del baloncesto español: los shares de audiencia. Sáez indicó que el problema del baloncesto español no era si la ACB tenía libertad para decidir sobre los ascensos o descensos de categoría, algo trivial que para nada determina el éxito general de una competición deportiva de primer nivel, sino el escaso atractivo que tiene hoy en día la propia competición para la sociedad española. Puso un ejemplo inapelable, ventajas del que está al resto, uno de los partidos más atractivos de la liga ACB como es un Real Madrid – Baskonia solo obtuvo un share del 1,9. Sin duda una cifra que no roza lo ridículo, simplemente lo representa. Como era previsible, Sáez no se mordió la lengua en Marca, todo lo contrario, el máximo mandatario de la Federación lanzó un dardo envenenado a la ACB en un momento en el que ésta está atravesando un periodo de crisis institucional, deportiva y mediática.


La cuestión de fondo es simple ¿va el basket español en la dirección correcta? Si nos fijamos exclusivamente en la superficie de la actual situación es posible que pensemos que tras el cruce de declaraciones y una guerra de guante blanco, decidamos que el basket esté en crisis o en sus prolegómenos, pero no sería justo quedarnos en el contexto actual y pasar por alto otros aspectos también relevantes. En ocasiones para avanzar un paso, primero se tienen que retroceder dos y ahora puede ser una buena oportunidad para emplear esta táctica. Resulta evidente que el baloncesto español, principalmente la liga ACB, atraviesa un momento complicado desde hace algún tiempo. Por una serie de razones no ha logrado posicionarse como un producto deportivo de primera necesidad para los medios y sin ellos, los patrocinadores se fijan en otras disciplinas que sí que disfrutan de una cobertura masiva. Es una pescadilla que se muerde la cola, pero sin una cosa no llega la otra.

El estatus de finales de los años ochenta y principio de los noventa del basket se perdió por una mala gestión combinada con la aparición de nuevos y variopintos intereses de ocio. Hoy toca trabajar para forjar un futuro diferente a aquel de relumbrón, pero también al actual. Mientras que el fútbol siempre se ha mostrado inmune a los cambios de tendencias, el basket desde un papel secundario no lo ha tenido fácil y ha sido la opción de descarte elegida masivamente. Aún así ha sabido sobreponerse, también por mérito de los que mandan, aunque ahora queda lo más complicado, volver a ganar cuota de protagonismo. Quejarse no es estancarse y el enfrentamiento actual no es un paso atrás, sino una inversión. Plantearse el futuro no puede considerarse un mal augurio, todo lo contrario. Quizás las formas no son las que a todos nos gustarían, pero si tiene que ser así, que así sea. Por otro lado, en esta breve trifulca no ha participado el europeo Jordi Bertomeu quien también tiene alguna que otra deuda pendiente y que más pronto que tarde, quiere saldar. El baloncesto europeo necesita una sacudida, un replanteamiento general, y ver de qué modo se puede hacer que progrese.

Agradezco a los dos máximos mandatarios del baloncesto nacional este ataque de sinceridad que no puede traer nada malo al basket. Si no son amigos, pues no lo son, pero no tienen que esconder ni los sentimientos ni las sensaciones. Con disimularlo tímidamente para evitar que la sangre llegue al río ya es más que suficiente. Las palabras han sido duras, algo de agradecer en unos tiempos donde la falsa harmonía provocaba más desengaños que admiración. En muchas ocasiones he transmitido en este mismo espacio mi confusión ante la aparente estabilidad del baloncesto español estos últimos años. No me parece de recibo que no se pueda debatir abiertamente sobre cuestiones vitales para el futuro de nuestro deporte, solo por el hecho de no provocar un tsunami.

La meta es única para todos: progresar, desarrollar un baloncesto nacional de primerísimo nivel a todos los niveles, que enganche masivamente al público y que finalmente acabe por convertirse por un negocio rentable. No nos olvidemos de esto.

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