La “dulce” y blanca navidad ya está aquí, pero aún así no cambia mi humor que desde hace algún tiempo está contrariado. No con el mundo, sino con aquellos que se empeñan en complicar la vida a los demás con decisiones impropias de su supuesta valía y responsabilidad en el desempeño de su trabajo. La cruda realidad es que los reyes del mambo ni se molestan en analizar el entorno ni sus posibilidades. Aclarando para evitar suspicacias; los demás somos un grupo de proyectos independientes que trabajamos concienzudamente para alcanzar unos objetivos y unas ilusiones. Aquellos que ni se molestan, son los de siempre y que tantas veces he señalado con el dedo. Qué le vamos a hacer, parece que tal y como está el patio es bueno para algunos. Para “los demás” el patio esta enfangado.
Vaya semanita de fracasos. A todos los niveles, internacional y nacional, para que de una forma o de otra, todos tengamos nuestra ración. En Copenhague, EEUU y China, ¿un nuevo Dream Team?, han acabado con las esperanzas del planeta de seguir respirando. Los norteamericanos solo tienen ojos para la reforma de la sanidad pública que quiere impulsar Obama y la lucha por superar la aguda crisis económica. Por su parte, el gigante asiático no está dispuesto a decelerar el proceso de crecimiento económico por unas tesis ecologistas que, simplemente, no comparten. Al final, tenemos a demócratas y comunistas insolentemente unidos con el maravilloso fin de torpedear cualquier acuerdo propulsado por una mayoría inerte. El tratado soñado, un renovado Kyoto, se convirtió finalmente en una pesadilla con todos defendiendo sus intereses particulares y nadie pensando en el bien común. ¿Sorpresa para alguien? A estas alturas, supongo que no.
En Catalunya el parlamento autonómico se dio otro baño de gloria votando sobre el futuro de los toros. Un referéndum que debería estar en manos del pueblo y no de unos representantes cada vez más distanciados de la sociedad. El Parlament aprobó debatir la prohibición de las corridas de toros en Catalunya, tras no prosperar las tres enmiendas a la totalidad presentadas contra la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) que plantea prohibir la fiesta. Mi voz, mi voto, mi pensamiento no vale absolutamente para nada. En Catalunya somos así, nos vendemos muy bien, nunca nos equivocamos en nada, nos enorgullecemos de entender el concepto democracia como en ningún otro sitio, pero cuando toca demostrar que somos un pueblo abierto a diferentes formas de pensar, nos da el achuchón y cogemos el camino del medio, ese que sirve para todo y, a su vez, para nada: el del nacionalismo de exclusión. Si no piensas como yo, tomo la decisión de democráticamente vetarte. Eso sí, no solo en Catalunya hay totalitaristas disfrazados de demócratas; que tire la piedra aquel que se crea santo. Bajo mi punto de vista, la fiesta de los toros ha quedado obsoleta y completamente anacrónica, pero antes de que me prohíban nada, preferiría que los políticos, corruptos e interesados, me dejen expresar. ¿Quiénes son los políticos para darnos lecciones de moral? Que yo recuerde, en las falsas promesas electorales, los toros no disfrutaban de protagonismo alguno para la mayoría, por lo que los votos a los partidos políticos no deben servir para que éstos opinen por nosotros. Qué cansado estoy de que “hacer política” quede restringido a limitar las libertades del pueblo. Éste hace tiempo que dejo de ser soberano para ser el esclavo de la libertad.
La buena noticia de la semana y ahora sí referente al basket, llegó de la mano del Real Madrid y la sensacional victoria en Grecia ante el Panathinakos. El Madrid de Messina tiene forma y fondo. Me gusta y tengo la impresión de que todavía tiene mucho camino por delante para crecer como demuestra la contundente derrota liguera en Vitoria. De todas maneras, el partido también sirvió para reflexionar sobre si es normal que en pleno siglo XXI se sigan viendo espectáculos tan denigrantes para el baloncesto como el vivido en Oaka.
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