Tres finales en tres años en Los Angeles y dos anillos ya en su mano. Pau Gasol es por méritos propios el jugador europeo más determinante de la historia y, aunque el tiempo puede con todo, no será fácil que en el futuro alguien le iguale o supere. En un escueto repaso a su carrera, se aprecia que desde que empezó a dar sus primeros pasos como profesional sus logros son incuestionables: de junior despuntó en el FC Barcelona hasta hacerlo campeón de Copa y Liga, en su posterior paso por una franquicia de poca tradición baloncestística como Memphis Grizzlies hizo crecer el proyecto hasta que saborearon los playoffs allá por Tennessee, los continuos éxitos con la Selección a la que ha liderado a una época gloriosa con un Mundial y un Eurobasket en la vitrinas de la FEB y, por último, siendo una pieza fundamental en los dos anillos con los Lakers.
En estas finales ante los Celtics de Boston, Gasol ha sido quien ha decantado la balanza a favor de “la fiebre amarilla”. No lo ha logrado solo, el baloncesto es un deporte de equipo, pero su aportación suma proporcionalmente más que la de otros. No podía estar siempre excelso como algunos le demandaban porque el rival era sumamente exigente, pero cuando tuvo que aparecer lo hizo y con gran eficacia. Decisivo, inteligente, expresivo, definitivo, explosivo, elegante o pasional son algunos de los calificativos que se me ocurren para describir la actuación de Pau en estos playoffs. Sin el aplomo y liderazgo de Gasol en el último cuarto del partido decisivo, el título hubiera volado hacia Boston. Barack Obama no tuvo problema alguno para referirse a Pau hace escasas semanas como el mejor center de la liga y tras las palabras del Presidente llegaron los mejores momentos mediáticos en la carrera norteamericana del de Sant Boi. Se lo merece. Eso y mucho más. Pau no es Kobe, eso lo sabemos todos, pero él tampoco pretende serlo. Simplemente Pau es el reflejo de una cultura baloncestística de alto nivel que le permite desarrollar su juego de una manera más madura que lo que se suele ver por los pabellones norteamericanos. Por cierto, al César lo que es del César; Kobe tampoco es Pau.
Y como no podía ser de otra forma en una sociedad que vive el presente como si no existiesen otros momentos, no todo podían ser buenas palabras. Las críticas que desde algunos medios locales se vertieron sobre Pau tras los partidos en Boston solo pueden ser catalogadas de injustas y cocinadas en el horno de la ignorancia. No quiero entrar en comparaciones entre unos y otros, pero si Pau no estuvo fino, otros tampoco y no recibieron el mismo trato. En una serie a siete partidos, con un juego físico y tras cien partidos disputados, la regularidad se resiente. La etiqueta de jugador blando ya huele mal. En sus primeros años en Memphis es posible que a Pau le faltase consistencia física, pero eso pertenece a su proceso de desarrollo y no le puede seguir a lo largo de toda una carrera plagada de grandes logros.
En la NBA sobran jugadores típicos de la cantera del Tío Sam. Atléticos, individualistas y sobredimensionados, los encontramos en las canchas de la NBA y en las pistas de calle. Se podría decir que la tecnología 3D tan de moda ahora en la industria cinematográfica, llegó a la NBA hace un par de décadas con jugadores que pretenden monopolizar el protagonismo y sobresalir del plano del parquet. Es un prototipo que gusta en general porque se adapta perfectamente a las leyes del Marketing, pero de todos los que lo intentan, solo encontramos unas pocas estrellas, el resto no pasan del aprobado justito. La prueba está en las grandes citas de selecciones en la que combinados estadounidenses compuestos por segundas espadas, pasan muchos apuros para superar a otras selecciones teóricamente inferiores pero con una concepción del juego más orientada al grupo. Veremos en Turquía cuál es el papel de la Selección USA.
Pau Gasol es el mejor baloncestista español de todos los tiempos y su leyenda será merecedora de un capítulo propio en la historia del deporte español como ya la tienen Ángel Nieto, Severiano Ballesteros o Miguel Indurain. Gasol brilla con luz propia sin exigir tratos especiales, simplemente jugando como le enseñaron desde muy joven los técnicos de cantera y sus padres. Hay cosas que no se enseñan en las canchas de “street” como son los valores personales, el respeto y la pasión por el baloncesto.
lunes, 21 de junio de 2010
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