El 2009 se despide y este año sí, lo hace con cotillón y fuegos artificiales. Cuando a priori estos últimos coletazos del 2009 serían el momento ideal para la reflexión y hacer balance del año, sorpresivamente tenemos un interesantísimo debate sobre el futuro del baloncesto español que lo abrió ni más ni menos que el presidente de la Federación Española de Baloncesto, José Luís Sáez cuando replicó unas declaraciones previas de su homónimo en la ACB, Eduardo Portela.
Terremoto habemus.
La ACB saca
Un revolucionario Portela reclamó mayor independencia respecto a la FEB y ni corto ni perezoso restó méritos a la FEB en los incuestionables éxitos de las selecciones nacionales en la última década. Bueno, mayor independencia o, el deseo real, romper cualquier dependencia porque según Portela y su séquito no hay necesidad de tener que consensuar si uno ya sabe lo que es mejor en todo momento. Parece que la diplomacia tiene fecha de caducidad, la paciencia es limitada, el pasado siempre está presente o al dicho que el roce hace el cariño, yo añadiría que también puede generar un salpullido.
Las palabras de Portela que, por cierto, vieron la luz pública en el diario deportivo AS, para muchos son, incluso después de pasados unos días, difíciles de comprender porque aparentemente no había síntomas de fricción entre ambas instituciones más allá de los que tradicionales derivados de la bicefalia. Quiero recalcar de esta historia que Eduardo Portela no utilizó para exponer su preocupación la vía de comunicación institucional de la ACB, su propia página Web, y, en cambio, escogió un medio futbolero para ello. Simplemente esto, me parece un detalle a tener en cuenta que seguro que habrá levantado suspicacias en más de uno.
Evidentemente que Portela no habló por hablar de la misma manera que el periodista de AS tampoco fue elegido por un capricho del destino; el veterano mandatario tenía un fin muy definido para volver a hurgar en la que desde hace más de dos décadas es la mayor herida del baloncesto español. Portela quiere para la ACB autonomía absoluta, no quiere que en las decisiones de la ACB se tengan que contemplar premisas establecidas por la Federación Española de Baloncesto. Lo puedo comprender porque en cierta medida a todos nos gusta ser autosuficientes a pesar de que también sepamos que cuatro ojos ven más que dos. El único pero que pongo a Portela es que hablar primero es un riesgo que no hay porque asumir o al menos tiene que estar muy bien calibrado. Ser el que prende la primera llama es peligroso porque puedes quedar chamuscado y si no queda más remedio que lanzarse a la piscina porque la situación así lo requiere, se tiene que hacer desde una posición de fuerza y, por encima de todo, tener garantías de que hay agua. Personalmente no tengo claro que la ACB en estos momentos cuente con una posición sólida, como tampoco creo que la tenga la Federación, pero cuando uno coge el rol de líder, tiene que ir con pies de plomo porque las réplicas suelen estar cargadas de sustancia.
La FEB resta
Lógicamente, Sáez tiene que defender lo suyo y así lo hizo. Es el presidente de la FEB y no puede permitir que absolutamente nadie discrimine el papel de ésta en el baloncesto español. Respaldado por unos excelentes resultados en los años que lleva al frente de la Federación y con la templanza de haber tenido tiempo para madurar qué y cómo decir su mensaje, José Luís Sáez tiene confianza para aceptar cualquier desafío que se le presente. Sáez, en esta ocasión en unas declaraciones al también diario deportivo MARCA, entró en el fragor del combate de la misma manera que en los años ochenta lo hacía Mike Tyson: sin miedo y con los “eyes of the tiger”. El presidente de la FEB no pudo hablar más claro y tras leer sus palabras reiteradamente, me quedé con la sensación de que estaba profundamente dolido por unas palabras que le habían cogido por sorpresa. Como era previsible, Sáez arremetió contra Portela, pero lo hizo de una manera especialmente dolorosa dado que utilizó datos concretos que definen una realidad del baloncesto español: los shares de audiencia. Sáez indicó que el problema del baloncesto español no era si la ACB tenía libertad para decidir sobre los ascensos o descensos de categoría, algo trivial que para nada determina el éxito general de una competición deportiva de primer nivel, sino el escaso atractivo que tiene hoy en día la propia competición para la sociedad española. Puso un ejemplo inapelable, ventajas del que está al resto, uno de los partidos más atractivos de la liga ACB como es un Real Madrid – Baskonia solo obtuvo un share del 1,9. Sin duda una cifra que no roza lo ridículo, simplemente lo representa. Como era previsible, Sáez no se mordió la lengua en Marca, todo lo contrario, el máximo mandatario de la Federación lanzó un dardo envenenado a la ACB en un momento en el que ésta está atravesando un periodo de crisis institucional, deportiva y mediática.
La cuestión de fondo es simple ¿va el basket español en la dirección correcta? Si nos fijamos exclusivamente en la superficie de la actual situación es posible que pensemos que tras el cruce de declaraciones y una guerra de guante blanco, decidamos que el basket esté en crisis o en sus prolegómenos, pero no sería justo quedarnos en el contexto actual y pasar por alto otros aspectos también relevantes. En ocasiones para avanzar un paso, primero se tienen que retroceder dos y ahora puede ser una buena oportunidad para emplear esta táctica. Resulta evidente que el baloncesto español, principalmente la liga ACB, atraviesa un momento complicado desde hace algún tiempo. Por una serie de razones no ha logrado posicionarse como un producto deportivo de primera necesidad para los medios y sin ellos, los patrocinadores se fijan en otras disciplinas que sí que disfrutan de una cobertura masiva. Es una pescadilla que se muerde la cola, pero sin una cosa no llega la otra.
El estatus de finales de los años ochenta y principio de los noventa del basket se perdió por una mala gestión combinada con la aparición de nuevos y variopintos intereses de ocio. Hoy toca trabajar para forjar un futuro diferente a aquel de relumbrón, pero también al actual. Mientras que el fútbol siempre se ha mostrado inmune a los cambios de tendencias, el basket desde un papel secundario no lo ha tenido fácil y ha sido la opción de descarte elegida masivamente. Aún así ha sabido sobreponerse, también por mérito de los que mandan, aunque ahora queda lo más complicado, volver a ganar cuota de protagonismo. Quejarse no es estancarse y el enfrentamiento actual no es un paso atrás, sino una inversión. Plantearse el futuro no puede considerarse un mal augurio, todo lo contrario. Quizás las formas no son las que a todos nos gustarían, pero si tiene que ser así, que así sea. Por otro lado, en esta breve trifulca no ha participado el europeo Jordi Bertomeu quien también tiene alguna que otra deuda pendiente y que más pronto que tarde, quiere saldar. El baloncesto europeo necesita una sacudida, un replanteamiento general, y ver de qué modo se puede hacer que progrese.
Agradezco a los dos máximos mandatarios del baloncesto nacional este ataque de sinceridad que no puede traer nada malo al basket. Si no son amigos, pues no lo son, pero no tienen que esconder ni los sentimientos ni las sensaciones. Con disimularlo tímidamente para evitar que la sangre llegue al río ya es más que suficiente. Las palabras han sido duras, algo de agradecer en unos tiempos donde la falsa harmonía provocaba más desengaños que admiración. En muchas ocasiones he transmitido en este mismo espacio mi confusión ante la aparente estabilidad del baloncesto español estos últimos años. No me parece de recibo que no se pueda debatir abiertamente sobre cuestiones vitales para el futuro de nuestro deporte, solo por el hecho de no provocar un tsunami.
La meta es única para todos: progresar, desarrollar un baloncesto nacional de primerísimo nivel a todos los niveles, que enganche masivamente al público y que finalmente acabe por convertirse por un negocio rentable. No nos olvidemos de esto.
martes, 29 de diciembre de 2009
martes, 22 de diciembre de 2009
Copenhague, Toros y Santa Klaus
La “dulce” y blanca navidad ya está aquí, pero aún así no cambia mi humor que desde hace algún tiempo está contrariado. No con el mundo, sino con aquellos que se empeñan en complicar la vida a los demás con decisiones impropias de su supuesta valía y responsabilidad en el desempeño de su trabajo. La cruda realidad es que los reyes del mambo ni se molestan en analizar el entorno ni sus posibilidades. Aclarando para evitar suspicacias; los demás somos un grupo de proyectos independientes que trabajamos concienzudamente para alcanzar unos objetivos y unas ilusiones. Aquellos que ni se molestan, son los de siempre y que tantas veces he señalado con el dedo. Qué le vamos a hacer, parece que tal y como está el patio es bueno para algunos. Para “los demás” el patio esta enfangado.
Vaya semanita de fracasos. A todos los niveles, internacional y nacional, para que de una forma o de otra, todos tengamos nuestra ración. En Copenhague, EEUU y China, ¿un nuevo Dream Team?, han acabado con las esperanzas del planeta de seguir respirando. Los norteamericanos solo tienen ojos para la reforma de la sanidad pública que quiere impulsar Obama y la lucha por superar la aguda crisis económica. Por su parte, el gigante asiático no está dispuesto a decelerar el proceso de crecimiento económico por unas tesis ecologistas que, simplemente, no comparten. Al final, tenemos a demócratas y comunistas insolentemente unidos con el maravilloso fin de torpedear cualquier acuerdo propulsado por una mayoría inerte. El tratado soñado, un renovado Kyoto, se convirtió finalmente en una pesadilla con todos defendiendo sus intereses particulares y nadie pensando en el bien común. ¿Sorpresa para alguien? A estas alturas, supongo que no.
En Catalunya el parlamento autonómico se dio otro baño de gloria votando sobre el futuro de los toros. Un referéndum que debería estar en manos del pueblo y no de unos representantes cada vez más distanciados de la sociedad. El Parlament aprobó debatir la prohibición de las corridas de toros en Catalunya, tras no prosperar las tres enmiendas a la totalidad presentadas contra la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) que plantea prohibir la fiesta. Mi voz, mi voto, mi pensamiento no vale absolutamente para nada. En Catalunya somos así, nos vendemos muy bien, nunca nos equivocamos en nada, nos enorgullecemos de entender el concepto democracia como en ningún otro sitio, pero cuando toca demostrar que somos un pueblo abierto a diferentes formas de pensar, nos da el achuchón y cogemos el camino del medio, ese que sirve para todo y, a su vez, para nada: el del nacionalismo de exclusión. Si no piensas como yo, tomo la decisión de democráticamente vetarte. Eso sí, no solo en Catalunya hay totalitaristas disfrazados de demócratas; que tire la piedra aquel que se crea santo. Bajo mi punto de vista, la fiesta de los toros ha quedado obsoleta y completamente anacrónica, pero antes de que me prohíban nada, preferiría que los políticos, corruptos e interesados, me dejen expresar. ¿Quiénes son los políticos para darnos lecciones de moral? Que yo recuerde, en las falsas promesas electorales, los toros no disfrutaban de protagonismo alguno para la mayoría, por lo que los votos a los partidos políticos no deben servir para que éstos opinen por nosotros. Qué cansado estoy de que “hacer política” quede restringido a limitar las libertades del pueblo. Éste hace tiempo que dejo de ser soberano para ser el esclavo de la libertad.
La buena noticia de la semana y ahora sí referente al basket, llegó de la mano del Real Madrid y la sensacional victoria en Grecia ante el Panathinakos. El Madrid de Messina tiene forma y fondo. Me gusta y tengo la impresión de que todavía tiene mucho camino por delante para crecer como demuestra la contundente derrota liguera en Vitoria. De todas maneras, el partido también sirvió para reflexionar sobre si es normal que en pleno siglo XXI se sigan viendo espectáculos tan denigrantes para el baloncesto como el vivido en Oaka.
Vaya semanita de fracasos. A todos los niveles, internacional y nacional, para que de una forma o de otra, todos tengamos nuestra ración. En Copenhague, EEUU y China, ¿un nuevo Dream Team?, han acabado con las esperanzas del planeta de seguir respirando. Los norteamericanos solo tienen ojos para la reforma de la sanidad pública que quiere impulsar Obama y la lucha por superar la aguda crisis económica. Por su parte, el gigante asiático no está dispuesto a decelerar el proceso de crecimiento económico por unas tesis ecologistas que, simplemente, no comparten. Al final, tenemos a demócratas y comunistas insolentemente unidos con el maravilloso fin de torpedear cualquier acuerdo propulsado por una mayoría inerte. El tratado soñado, un renovado Kyoto, se convirtió finalmente en una pesadilla con todos defendiendo sus intereses particulares y nadie pensando en el bien común. ¿Sorpresa para alguien? A estas alturas, supongo que no.
En Catalunya el parlamento autonómico se dio otro baño de gloria votando sobre el futuro de los toros. Un referéndum que debería estar en manos del pueblo y no de unos representantes cada vez más distanciados de la sociedad. El Parlament aprobó debatir la prohibición de las corridas de toros en Catalunya, tras no prosperar las tres enmiendas a la totalidad presentadas contra la Iniciativa Legislativa Popular (ILP) que plantea prohibir la fiesta. Mi voz, mi voto, mi pensamiento no vale absolutamente para nada. En Catalunya somos así, nos vendemos muy bien, nunca nos equivocamos en nada, nos enorgullecemos de entender el concepto democracia como en ningún otro sitio, pero cuando toca demostrar que somos un pueblo abierto a diferentes formas de pensar, nos da el achuchón y cogemos el camino del medio, ese que sirve para todo y, a su vez, para nada: el del nacionalismo de exclusión. Si no piensas como yo, tomo la decisión de democráticamente vetarte. Eso sí, no solo en Catalunya hay totalitaristas disfrazados de demócratas; que tire la piedra aquel que se crea santo. Bajo mi punto de vista, la fiesta de los toros ha quedado obsoleta y completamente anacrónica, pero antes de que me prohíban nada, preferiría que los políticos, corruptos e interesados, me dejen expresar. ¿Quiénes son los políticos para darnos lecciones de moral? Que yo recuerde, en las falsas promesas electorales, los toros no disfrutaban de protagonismo alguno para la mayoría, por lo que los votos a los partidos políticos no deben servir para que éstos opinen por nosotros. Qué cansado estoy de que “hacer política” quede restringido a limitar las libertades del pueblo. Éste hace tiempo que dejo de ser soberano para ser el esclavo de la libertad.
La buena noticia de la semana y ahora sí referente al basket, llegó de la mano del Real Madrid y la sensacional victoria en Grecia ante el Panathinakos. El Madrid de Messina tiene forma y fondo. Me gusta y tengo la impresión de que todavía tiene mucho camino por delante para crecer como demuestra la contundente derrota liguera en Vitoria. De todas maneras, el partido también sirvió para reflexionar sobre si es normal que en pleno siglo XXI se sigan viendo espectáculos tan denigrantes para el baloncesto como el vivido en Oaka.
miércoles, 16 de diciembre de 2009
El espectáculo estuvo en Mestalla
Soy el primer valedor del producto baloncesto, pero algo tiene que cambiar para que nuestro deporte mire a los ojos a otros más populares y les rete, al más puro estilo street, a un uno contra uno. Este fin de semana, como todos, la jornada de baloncesto convivió con la de otras muchas disciplinas. Entre esos rivales, el rey, el fútbol. Muchos partidos sobre el césped y todos ellos, de leyenda para sus intensos adeptos que se cuentan por miles. En Barcelona, el derbi catalán y en Valencia, segundo contra tercero y una retransmisión en abierto que semana tras semana congrega a varios millones de almas futboleras en el sofá de casas acompañados de la clásica pizza. Un sábado de gloria con los dos equipos más mediáticos como grandes protagonistas.
Vi el partido de fútbol entre un Valencia crecido y descarado y un Real Madrid herido y huérfano de sus estrellas. No fue un accidente que siguiese el choque dado que también soy un gran aficionado al fútbol, y disfruté de lo lindo. Lo hice con una primera parte de tanteo y con una segunda maravillosa en la que los “jugones” de cada equipo demostraron que eso de Tiempo de Magia existe. Vibré con las definiciones de Higuain y Villa, pero en medio de la borrachera de goles de la segunda parte, también tuve tiempo para reflexionar sobre que a pesar de todo el humo que se vende, quizás la línea del basket actual, no solo en España, no es la más apropiada. ¿Se puede hacer más? ¿Se puede hacer mejor? Entiendo que sí, pero seguro que no debe ser fácil trabajar cada día y saber que se haga lo que se haga, los resultados nunca serán los soñados. Sí los esperados, pero eso es fácil porque es de dominio común la influencia del mundo de la canasta hoy en día. Tampoco el baloncesto se tiene que comparar con el fútbol porque son dos galaxias diferentes, pero tiene que fijarse en lo que se hace bien y tratar, simplemente, de copiarlo. También sería bueno dedicar tiempo a los objetivos actuales del baloncesto español porque hay muchas cosas que no veo claras. Lo diré codificado, pero quien quiera lo puede entender: hoy no hay un duro para invertir, mañana se anuncian a bombo y platillo tres proyectos nuevos y pasado mañana sale la nota del mayor presupuesto de la historia y al cabo de unos días vuelve a no haber dinero, ¿cuál será el próximo gran proyecto? Pues cualquier cosa que sirva para seguir inflando el portfolio de ofrendas dirigidas a aquellos que ya están enganchados a esto de la canasta. ¿Qué pasa con otros proyectos del basket que trabajan con unos recursos precarios y ofrecen un producto de gran valor? De momento nada, estamos marginados viendo como rompen las olas en la orilla y apretando los dientes para aguantar el vendaval de despropósitos. Y estos proyectos son los que bien gestionados y con el apoyo adecuado, podrían alcanzar mercados imposibles para las grandes plataformas. Es un buen momento para recordar de lo que son capaces de crear los formícidos trabajando en equipo. Lógicamente no meto a todos en el mismo saco; unos quieren pero no pueden y otros pueden pero no quieren.
Vuelvo al hilo del editorial. El sábado seguí el partido ACB, previo a los dos de fútbol y, sinceramente, disfruté, pero también entiendo que no enganche a la gente. Falta pasión, falta opinión y, por encima de todo, falta una buena dosis de espectáculo en general. No me refiero a que se produzcan un mayor número de mates o que se apueste descaradamente por sistemas ofensivos en detrimento de las actuales correosas defensas, sino a todo aquello que rodea a un deporte que lo transforma en un circo mediático o lo deja en mera comparsa de la fiesta y para disfrute de unos pocos locos. El partido que enfrentó a Penya y Baskonia fue de nivel, pero no estuvo acompañado por los condimentos que lo hacen irresistible. Por ejemplo, la Fórmula 1 pasó de ser un complemento del fin de semana a un fenómeno de masas en cuestión de tres años y eso se ha conseguido gracias a un icono como Fernando Alonso y dinero. Las enormes inyecciones económicas de televisiones internacionales, coberturas multiplataforma, creaciones de estados de opinión y patrocinadores dispuestos a tirar la casa por la ventana se han traducido en espectaculares retransmisiones, agresivas políticas de marketing, etc. ¿Cuál es la realidad del basket? Pues arriesgándome a que algunos cierren la ventana del navegador completamente indignados, las verdades pueden ofender, el basket en su globalidad está más cerca del hockey patines que de los grandes espectáculos deportivos. La distancia entre 6000 y 2000 es menor que entre 6000 y 100.000. Hablo de asistencia a los pabellones, pero si nos fijamos en el promedio de televidentes o en el impacto mediático en la sociedad, tampoco mejoramos.
Faltan cámaras, faltan recursos, falta debate, falta libertad de expresión. Faltan muchas cosas y pesar de ello tengo que seguir escuchando como se reparten alabanzas a diestro y siniestro. Aquí lo hacen bien los unos, los otros, los árbitros y hasta el apuntador. Qué bonito sería que el corporativismo desapareciere, que las presiones no existieran y que cada uno trabajase por el baloncesto desde su posición y posibilidades. Está claro que a nadie le gusta recibir críticas, pero para progresar son muy necesarias. ¿Por qué todavía no tenemos un debate general sobre las cuestiones más relevantes o polémicas de la jornada? El penalti sobre Xavi ¿lo fue? Para gustos colores. Esta cuestión se explotó hasta la saciedad el domingo y dio vidilla a montones de comidas familiares. En la ACB se han destituido a dos técnicos recientemente y no ha pasado nada a pesar de que en Fuenlabrada se ha hablado tímidamente de un problema entre Guil, la directiva y Fitch. Cuando el Zaragoza destituyó a Marcelino tras la enésima derrota liguera ante el Bilbao, no le faltó cobertura.
Esconder los trapos sucios tiene un aspecto positivo que es la serenidad aparente que se vive en todo momento en el basket, pero también tiene su parte negativa como es que aquí, entre comillas, nos aburrimos todos. De mientras, me aferro a partidos como el que se vivió en Galicia el domingo, aunque mucho me temo que eso es pan para hoy y hambre para mañana.
Vi el partido de fútbol entre un Valencia crecido y descarado y un Real Madrid herido y huérfano de sus estrellas. No fue un accidente que siguiese el choque dado que también soy un gran aficionado al fútbol, y disfruté de lo lindo. Lo hice con una primera parte de tanteo y con una segunda maravillosa en la que los “jugones” de cada equipo demostraron que eso de Tiempo de Magia existe. Vibré con las definiciones de Higuain y Villa, pero en medio de la borrachera de goles de la segunda parte, también tuve tiempo para reflexionar sobre que a pesar de todo el humo que se vende, quizás la línea del basket actual, no solo en España, no es la más apropiada. ¿Se puede hacer más? ¿Se puede hacer mejor? Entiendo que sí, pero seguro que no debe ser fácil trabajar cada día y saber que se haga lo que se haga, los resultados nunca serán los soñados. Sí los esperados, pero eso es fácil porque es de dominio común la influencia del mundo de la canasta hoy en día. Tampoco el baloncesto se tiene que comparar con el fútbol porque son dos galaxias diferentes, pero tiene que fijarse en lo que se hace bien y tratar, simplemente, de copiarlo. También sería bueno dedicar tiempo a los objetivos actuales del baloncesto español porque hay muchas cosas que no veo claras. Lo diré codificado, pero quien quiera lo puede entender: hoy no hay un duro para invertir, mañana se anuncian a bombo y platillo tres proyectos nuevos y pasado mañana sale la nota del mayor presupuesto de la historia y al cabo de unos días vuelve a no haber dinero, ¿cuál será el próximo gran proyecto? Pues cualquier cosa que sirva para seguir inflando el portfolio de ofrendas dirigidas a aquellos que ya están enganchados a esto de la canasta. ¿Qué pasa con otros proyectos del basket que trabajan con unos recursos precarios y ofrecen un producto de gran valor? De momento nada, estamos marginados viendo como rompen las olas en la orilla y apretando los dientes para aguantar el vendaval de despropósitos. Y estos proyectos son los que bien gestionados y con el apoyo adecuado, podrían alcanzar mercados imposibles para las grandes plataformas. Es un buen momento para recordar de lo que son capaces de crear los formícidos trabajando en equipo. Lógicamente no meto a todos en el mismo saco; unos quieren pero no pueden y otros pueden pero no quieren.
Vuelvo al hilo del editorial. El sábado seguí el partido ACB, previo a los dos de fútbol y, sinceramente, disfruté, pero también entiendo que no enganche a la gente. Falta pasión, falta opinión y, por encima de todo, falta una buena dosis de espectáculo en general. No me refiero a que se produzcan un mayor número de mates o que se apueste descaradamente por sistemas ofensivos en detrimento de las actuales correosas defensas, sino a todo aquello que rodea a un deporte que lo transforma en un circo mediático o lo deja en mera comparsa de la fiesta y para disfrute de unos pocos locos. El partido que enfrentó a Penya y Baskonia fue de nivel, pero no estuvo acompañado por los condimentos que lo hacen irresistible. Por ejemplo, la Fórmula 1 pasó de ser un complemento del fin de semana a un fenómeno de masas en cuestión de tres años y eso se ha conseguido gracias a un icono como Fernando Alonso y dinero. Las enormes inyecciones económicas de televisiones internacionales, coberturas multiplataforma, creaciones de estados de opinión y patrocinadores dispuestos a tirar la casa por la ventana se han traducido en espectaculares retransmisiones, agresivas políticas de marketing, etc. ¿Cuál es la realidad del basket? Pues arriesgándome a que algunos cierren la ventana del navegador completamente indignados, las verdades pueden ofender, el basket en su globalidad está más cerca del hockey patines que de los grandes espectáculos deportivos. La distancia entre 6000 y 2000 es menor que entre 6000 y 100.000. Hablo de asistencia a los pabellones, pero si nos fijamos en el promedio de televidentes o en el impacto mediático en la sociedad, tampoco mejoramos.
Faltan cámaras, faltan recursos, falta debate, falta libertad de expresión. Faltan muchas cosas y pesar de ello tengo que seguir escuchando como se reparten alabanzas a diestro y siniestro. Aquí lo hacen bien los unos, los otros, los árbitros y hasta el apuntador. Qué bonito sería que el corporativismo desapareciere, que las presiones no existieran y que cada uno trabajase por el baloncesto desde su posición y posibilidades. Está claro que a nadie le gusta recibir críticas, pero para progresar son muy necesarias. ¿Por qué todavía no tenemos un debate general sobre las cuestiones más relevantes o polémicas de la jornada? El penalti sobre Xavi ¿lo fue? Para gustos colores. Esta cuestión se explotó hasta la saciedad el domingo y dio vidilla a montones de comidas familiares. En la ACB se han destituido a dos técnicos recientemente y no ha pasado nada a pesar de que en Fuenlabrada se ha hablado tímidamente de un problema entre Guil, la directiva y Fitch. Cuando el Zaragoza destituyó a Marcelino tras la enésima derrota liguera ante el Bilbao, no le faltó cobertura.
Esconder los trapos sucios tiene un aspecto positivo que es la serenidad aparente que se vive en todo momento en el basket, pero también tiene su parte negativa como es que aquí, entre comillas, nos aburrimos todos. De mientras, me aferro a partidos como el que se vivió en Galicia el domingo, aunque mucho me temo que eso es pan para hoy y hambre para mañana.
lunes, 7 de diciembre de 2009
Fernando Martín: de niñas y … de niños
La semana pasada se cumplieron veinte años que el destino deparó una muy desagradable sorpresa a Fernando Martín. Un accidente de tráfico acababa con la vida del jugador madrileño y dejaba convulsionado a un país que le admiraba. Ocurrió un desapacible 3 de diciembre de 1989, Fernando Martín se dirigía al Palacio de los Deportes cuando su potente Lancia colisionó fatalmente con otro automóvil en una incorporación de la M-30. Tristemente no es una historia extraña, en las carreteras mueren cada año miles de personas, pero Fernando era una estrella del deporte español y su desaparición adquirió tintes dramáticos nada más hacerse pública la noticia. Incluso los rumores previos a la constatación de que en el accidente mortal había estado implicado Fernando Martín, ya representaron unos instantes durísimos que mantuvieron en vilo a todo el país. De la noche a la mañana se acabó el glamour del deportista de élite y surgió la leyenda.
Ese fatídico día, curiosamente el mismo en el que George H. W. Bush y Mijaíl Gorbachov dieron por terminada la guerra fría, se disputaba un Madrid - Zaragoza liguero en el que Fernando Martín no iba a participar por un percance físico. Fernando se trasladaba a recoger a su amigo Quique Villalobos antes de ir al pabellón cuando en una mala jugada del destino embistió a otro turismo cuyo conductor, R. D., quedó seriamente lastimado. R. no era un deportista famoso, pero su vida quedó truncada para siempre al quedar con graves secuelas físicas. Desde Bkball.Net le mandamos un afectuoso saludo.
Fernando fue un pionero en el baloncesto español cuando decidió dar el salto a la NBA, pero su historia ya era especial antes de probar fortuna en el otro lado del Atlántico. Martín destacó en su juventud en varias disciplinas deportivas como la natación o el balonmano, pero no fue hasta que cumplió los quince años cuando juró amor eterno con el mundo de la canasta. Tomó su decisión en firme y a partir de ese momento Fernando Martín trabajó a destajo para convertirse en uno de los mejores jugadores del país. El reto no era fácil, pero rápidamente consiguió situarse entre los jugadores más determinantes del baloncesto europeo. Con tan solo diecinueve años, Martín ya era uno de los referentes de un Estudiantes subcampeón de liga. Posteriormente, firmó un contrato con el Real Madrid y a partir de ese momento, su carrera no hizo más que crecer. Con el equipo blanco conquistó cuatro títulos de la Liga ACB (1982, 1984, 1985 y 1986), tres de la Copa del Rey (1985,1986 y 1989), una Recopa (1989) y un Mundial de Clubs (1982). En 1985 fue subcampeón de la Copa de Europa, único título que le falta en su palmarés. En la Selección Fernando Martín tampoco tardó es ser un pilar para el mítico Antonio Díaz-Miguel quien le convocó por primera vez en 1981 tras su gran temporada en Estudiantes. Entre ese año y 1986, cuando cerró su pase a Portland, Martín disputó un total de 72 partidos con la selección. Fue integrante del combinado que ganó la medalla de plata en el Eurobasket de Nantes’83, y también del que conquistó la histórica medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984, junto a otras estrellas de los ochenta como Corbalán, Epi, Solozábal, Iturriaga o Romay.
Fernando Martín fue uno de los responsables de que el baloncesto se convirtiera en los años 80 en un deporte muy popular en la sociedad española. Con Fernando sobre la pista, aquello de que el baloncesto era un deporte de niñas dejó de emplearse y pasó a ser un deporte de portadas. Siempre a la sombra de otras disciplinas más arraigados en la sociedad española como el fútbol, el ciclismo o el tenis, el baloncesto supo aprovechar la irrupción de excelentes jugadores nacionales para ganar cuota de mercado. Los éxitos de la Selección en Nantes 83 o Los Angeles 84 catapultaron al baloncesto a un deporte de masas. Ello lo consiguieron un grupo de jugadores de gran talento y personalidad; Fernando Martín estaba entre ellos. Sus inolvidables duelos con Audie Norris forman parte de la historia de nuestra liga y su carácter de león indomable sirve de inspiración todavía hoy para muchos.
Fernando Martín, entre otras cosas y junto con otros protagonistas de la época, nos enseñó que el deporte es un deporte de niñas y de niños.
Ese fatídico día, curiosamente el mismo en el que George H. W. Bush y Mijaíl Gorbachov dieron por terminada la guerra fría, se disputaba un Madrid - Zaragoza liguero en el que Fernando Martín no iba a participar por un percance físico. Fernando se trasladaba a recoger a su amigo Quique Villalobos antes de ir al pabellón cuando en una mala jugada del destino embistió a otro turismo cuyo conductor, R. D., quedó seriamente lastimado. R. no era un deportista famoso, pero su vida quedó truncada para siempre al quedar con graves secuelas físicas. Desde Bkball.Net le mandamos un afectuoso saludo.
Fernando fue un pionero en el baloncesto español cuando decidió dar el salto a la NBA, pero su historia ya era especial antes de probar fortuna en el otro lado del Atlántico. Martín destacó en su juventud en varias disciplinas deportivas como la natación o el balonmano, pero no fue hasta que cumplió los quince años cuando juró amor eterno con el mundo de la canasta. Tomó su decisión en firme y a partir de ese momento Fernando Martín trabajó a destajo para convertirse en uno de los mejores jugadores del país. El reto no era fácil, pero rápidamente consiguió situarse entre los jugadores más determinantes del baloncesto europeo. Con tan solo diecinueve años, Martín ya era uno de los referentes de un Estudiantes subcampeón de liga. Posteriormente, firmó un contrato con el Real Madrid y a partir de ese momento, su carrera no hizo más que crecer. Con el equipo blanco conquistó cuatro títulos de la Liga ACB (1982, 1984, 1985 y 1986), tres de la Copa del Rey (1985,1986 y 1989), una Recopa (1989) y un Mundial de Clubs (1982). En 1985 fue subcampeón de la Copa de Europa, único título que le falta en su palmarés. En la Selección Fernando Martín tampoco tardó es ser un pilar para el mítico Antonio Díaz-Miguel quien le convocó por primera vez en 1981 tras su gran temporada en Estudiantes. Entre ese año y 1986, cuando cerró su pase a Portland, Martín disputó un total de 72 partidos con la selección. Fue integrante del combinado que ganó la medalla de plata en el Eurobasket de Nantes’83, y también del que conquistó la histórica medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 1984, junto a otras estrellas de los ochenta como Corbalán, Epi, Solozábal, Iturriaga o Romay.
Fernando Martín fue uno de los responsables de que el baloncesto se convirtiera en los años 80 en un deporte muy popular en la sociedad española. Con Fernando sobre la pista, aquello de que el baloncesto era un deporte de niñas dejó de emplearse y pasó a ser un deporte de portadas. Siempre a la sombra de otras disciplinas más arraigados en la sociedad española como el fútbol, el ciclismo o el tenis, el baloncesto supo aprovechar la irrupción de excelentes jugadores nacionales para ganar cuota de mercado. Los éxitos de la Selección en Nantes 83 o Los Angeles 84 catapultaron al baloncesto a un deporte de masas. Ello lo consiguieron un grupo de jugadores de gran talento y personalidad; Fernando Martín estaba entre ellos. Sus inolvidables duelos con Audie Norris forman parte de la historia de nuestra liga y su carácter de león indomable sirve de inspiración todavía hoy para muchos.
Fernando Martín, entre otras cosas y junto con otros protagonistas de la época, nos enseñó que el deporte es un deporte de niñas y de niños.
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