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miércoles, 16 de diciembre de 2009

El espectáculo estuvo en Mestalla

Soy el primer valedor del producto baloncesto, pero algo tiene que cambiar para que nuestro deporte mire a los ojos a otros más populares y les rete, al más puro estilo street, a un uno contra uno. Este fin de semana, como todos, la jornada de baloncesto convivió con la de otras muchas disciplinas. Entre esos rivales, el rey, el fútbol. Muchos partidos sobre el césped y todos ellos, de leyenda para sus intensos adeptos que se cuentan por miles. En Barcelona, el derbi catalán y en Valencia, segundo contra tercero y una retransmisión en abierto que semana tras semana congrega a varios millones de almas futboleras en el sofá de casas acompañados de la clásica pizza. Un sábado de gloria con los dos equipos más mediáticos como grandes protagonistas.

Vi el partido de fútbol entre un Valencia crecido y descarado y un Real Madrid herido y huérfano de sus estrellas. No fue un accidente que siguiese el choque dado que también soy un gran aficionado al fútbol, y disfruté de lo lindo. Lo hice con una primera parte de tanteo y con una segunda maravillosa en la que los “jugones” de cada equipo demostraron que eso de Tiempo de Magia existe. Vibré con las definiciones de Higuain y Villa, pero en medio de la borrachera de goles de la segunda parte, también tuve tiempo para reflexionar sobre que a pesar de todo el humo que se vende, quizás la línea del basket actual, no solo en España, no es la más apropiada. ¿Se puede hacer más? ¿Se puede hacer mejor? Entiendo que sí, pero seguro que no debe ser fácil trabajar cada día y saber que se haga lo que se haga, los resultados nunca serán los soñados. Sí los esperados, pero eso es fácil porque es de dominio común la influencia del mundo de la canasta hoy en día. Tampoco el baloncesto se tiene que comparar con el fútbol porque son dos galaxias diferentes, pero tiene que fijarse en lo que se hace bien y tratar, simplemente, de copiarlo. También sería bueno dedicar tiempo a los objetivos actuales del baloncesto español porque hay muchas cosas que no veo claras. Lo diré codificado, pero quien quiera lo puede entender: hoy no hay un duro para invertir, mañana se anuncian a bombo y platillo tres proyectos nuevos y pasado mañana sale la nota del mayor presupuesto de la historia y al cabo de unos días vuelve a no haber dinero, ¿cuál será el próximo gran proyecto? Pues cualquier cosa que sirva para seguir inflando el portfolio de ofrendas dirigidas a aquellos que ya están enganchados a esto de la canasta. ¿Qué pasa con otros proyectos del basket que trabajan con unos recursos precarios y ofrecen un producto de gran valor? De momento nada, estamos marginados viendo como rompen las olas en la orilla y apretando los dientes para aguantar el vendaval de despropósitos. Y estos proyectos son los que bien gestionados y con el apoyo adecuado, podrían alcanzar mercados imposibles para las grandes plataformas. Es un buen momento para recordar de lo que son capaces de crear los formícidos trabajando en equipo. Lógicamente no meto a todos en el mismo saco; unos quieren pero no pueden y otros pueden pero no quieren.

Vuelvo al hilo del editorial. El sábado seguí el partido ACB, previo a los dos de fútbol y, sinceramente, disfruté, pero también entiendo que no enganche a la gente. Falta pasión, falta opinión y, por encima de todo, falta una buena dosis de espectáculo en general. No me refiero a que se produzcan un mayor número de mates o que se apueste descaradamente por sistemas ofensivos en detrimento de las actuales correosas defensas, sino a todo aquello que rodea a un deporte que lo transforma en un circo mediático o lo deja en mera comparsa de la fiesta y para disfrute de unos pocos locos. El partido que enfrentó a Penya y Baskonia fue de nivel, pero no estuvo acompañado por los condimentos que lo hacen irresistible. Por ejemplo, la Fórmula 1 pasó de ser un complemento del fin de semana a un fenómeno de masas en cuestión de tres años y eso se ha conseguido gracias a un icono como Fernando Alonso y dinero. Las enormes inyecciones económicas de televisiones internacionales, coberturas multiplataforma, creaciones de estados de opinión y patrocinadores dispuestos a tirar la casa por la ventana se han traducido en espectaculares retransmisiones, agresivas políticas de marketing, etc. ¿Cuál es la realidad del basket? Pues arriesgándome a que algunos cierren la ventana del navegador completamente indignados, las verdades pueden ofender, el basket en su globalidad está más cerca del hockey patines que de los grandes espectáculos deportivos. La distancia entre 6000 y 2000 es menor que entre 6000 y 100.000. Hablo de asistencia a los pabellones, pero si nos fijamos en el promedio de televidentes o en el impacto mediático en la sociedad, tampoco mejoramos.

Faltan cámaras, faltan recursos, falta debate, falta libertad de expresión. Faltan muchas cosas y pesar de ello tengo que seguir escuchando como se reparten alabanzas a diestro y siniestro. Aquí lo hacen bien los unos, los otros, los árbitros y hasta el apuntador. Qué bonito sería que el corporativismo desapareciere, que las presiones no existieran y que cada uno trabajase por el baloncesto desde su posición y posibilidades. Está claro que a nadie le gusta recibir críticas, pero para progresar son muy necesarias. ¿Por qué todavía no tenemos un debate general sobre las cuestiones más relevantes o polémicas de la jornada? El penalti sobre Xavi ¿lo fue? Para gustos colores. Esta cuestión se explotó hasta la saciedad el domingo y dio vidilla a montones de comidas familiares. En la ACB se han destituido a dos técnicos recientemente y no ha pasado nada a pesar de que en Fuenlabrada se ha hablado tímidamente de un problema entre Guil, la directiva y Fitch. Cuando el Zaragoza destituyó a Marcelino tras la enésima derrota liguera ante el Bilbao, no le faltó cobertura.

Esconder los trapos sucios tiene un aspecto positivo que es la serenidad aparente que se vive en todo momento en el basket, pero también tiene su parte negativa como es que aquí, entre comillas, nos aburrimos todos. De mientras, me aferro a partidos como el que se vivió en Galicia el domingo, aunque mucho me temo que eso es pan para hoy y hambre para mañana.

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