El FC Barcelona ha puesto la directa esta temporada hacia la gloria. Ésta llegará en su máximo esplendor si se alza con los cinco títulos que disputa a imagen y semejanza de lo que hiciera el equipo de fútbol en el 2009. De hecho, el club catalán apretó los dientes desde que se dio el pistoletazo de salida al curso y no ofrece síntomas de fatiga. Hasta la fecha ya suma tres títulos: se llevó en pretemporada la Lliga Catalana y la Supercopa disputada en Gran Canaria y conquistó en Bilbao la Copa del Rey. Ahora, a los azulgranas les esperan París y los playoffs ACB.
Parte del camino ya está hecho, pero queda el tramo más arduo; el asalto a los grandes títulos. Para alcanzar la Final Four, el Barcelona tiene que superar unos cuartos de final en los que le espera el Real Madrid con sed de venganza tras la final de Copa y en la ACB todavía quedan unas semanas para el inicio de los playoffs. Esta semana Ettore Messina tratará de que el sueño barcelonista de lograr un pleno no se cumpla y tiene una buena ocasión. En una ronda al mejor de cinco partidos con la Final Four de fondo, puede suceder cualquier cosa. El Barça es favorito, pocos se atreven a dudar sobre esta condición, pero un paso en falso y los papeles cambian.
Ricky “Magic” Rubio
El sábado en Vitoria era el escenario perfecto para que el Barça se diera de narices contra su propio ego, pero ni un Baskonia arropado por prácticamente diez mil espectadores pudo con un conjunto compensado, frío y consciente de su superioridad. Victoria cómoda ante uno de los dos equipos que le pueden hacer sombra en la liga nacional y a por la siguiente cita, el Real Madrid este martes.
Este Barça es el equipo a batir, esto ya ha quedado claro, y si hay un jugador protagonista de este equipo ese es sin lugar a dudas la perla de El Masnou, Ricky Rubio. El base es sencillamente genial. En su cabeza se dibuja el mejor baloncesto del continente y en sus manos está la magia para hacer realidad cualquiera de sus ideas. Yo lo llamo magia, otros prefieren términos más terrenales como talento, aptitud o calidad.
Olvidarse del resto de compañeros que le acompañan en esta aventura 2009-10 no es razonable porque el baloncesto es un juego de equipo, pero el protagonismo se reparte de forma desigual entre el colectivo. Fueron tres millones de euros los que Joan Laporta destinó al traspaso más sonado del verano y el debate sobre si era un coste o una inversión se decantó rápidamente. Rubio ha sido una inversión sabia y muy rentable porque al margen del mayor potencial del equipo, ahora en la ciudad de Barcelona también se habla de basket, algo que no sucedía desde hace algunos años.
En fin, lo publiqué en el FACEBOOK y ahora también aquí, con Ricky Rubio y Sergio Llull, la Selección puede ir a Turquia mirando a las medallas sin timideces. Habrán bajas, pero el deporte funciona así, unos salen y otros entran.
lunes, 22 de marzo de 2010
viernes, 19 de marzo de 2010
¿Nevera para los árbitros?
Recientemente hemos comprobado como en el fútbol si un árbitro tiene un mal día y comete graves errores de juicio en su cometido, tiene “la nevera” preparada para pasar unos días tranquilo y reflexionar sobre los fallos que han podido alterar el curso del partido y de qué manera puede mejorar. Lógicamente, estar en la nevera es una expresión que se refiere a que durante un tiempo determinado, el colegiado no va a arbitrar y se va a dedicar a hacer examen de conciencia. El baloncesto también tiene su nevera, pero cuestiono como debe plantearse esta situación, no deja de ser un castigo, porque para el árbitro es un golpe duro y muy desmotivador.
Fijándome en dos jugadas específicas que sucedieron en los instantes finales del partido entre el FC Barcelona y el CB Granada de la jornada matinal del domingo, reflexiono sobre cómo debería ser la actuación del comité de árbitros e incluso de la propia ACB. Ambas jugadas tuvieron como protagonista al jugador del Granada Jimmy Hunter a quien el trío arbitral, primero le anuló un estratosférico triple al considerar erróneamente que no había continuación en la jugada y seguidamente le expulsó tras dos leves gestos con la mano sin mediar palabra alguna tras una penetración del norteamericano en la que no se señalizó una más que posible falta. El trío arbitral erró en sus decisiones y como consecuencia decantó definitivamente el partido hacia el bando blaugrana.
En definitiva, dos errores graves que no deben caer en el olvido, pero que tampoco deben crucificar al trío arbitral o a los protagonistas concretos de ambas acciones. Meter en la nevera es una expresión fría, nunca mejor dicho, y directa, pero no es la más adecuada si tenemos en cuenta que la mejor medicina para el progreso son las posturas y actitudes positivas. Todos nos podemos equivocar y los árbitros los primeros porque tomar decisiones en décimas de segundo no es nada sencillo. ¿Apartar a un árbitro durante dos semanas le va a convertir en mejor profesional? Tengo mis serias dudas respecto a la eficacia de este método.
En contrapartida, soy de los que opino que el estamento arbitral se empeña consciente o inconscientemente en seguir una línea paralela a la evolución del deporte en sí lo que tiene como principal consecuencia que hayan determinados aspectos del juego que no logren asimilar. Por ejemplo y para resaltar un punto que encuentro especialmente urgente, los árbitros deben trabajar en la unificación de criterios que desvirtúan en ocasiones su trabajo y que dejan preguntas capciosas en el aire que no deberían existir. Casos como la permisividad defensiva, los pasos de salida o la acción continuada levantan ampollas prácticamente en cada partido y conviene pasar página para no estar constantemente hablando de la diferencia de criterio arbitral.
Fijándome en dos jugadas específicas que sucedieron en los instantes finales del partido entre el FC Barcelona y el CB Granada de la jornada matinal del domingo, reflexiono sobre cómo debería ser la actuación del comité de árbitros e incluso de la propia ACB. Ambas jugadas tuvieron como protagonista al jugador del Granada Jimmy Hunter a quien el trío arbitral, primero le anuló un estratosférico triple al considerar erróneamente que no había continuación en la jugada y seguidamente le expulsó tras dos leves gestos con la mano sin mediar palabra alguna tras una penetración del norteamericano en la que no se señalizó una más que posible falta. El trío arbitral erró en sus decisiones y como consecuencia decantó definitivamente el partido hacia el bando blaugrana.
En definitiva, dos errores graves que no deben caer en el olvido, pero que tampoco deben crucificar al trío arbitral o a los protagonistas concretos de ambas acciones. Meter en la nevera es una expresión fría, nunca mejor dicho, y directa, pero no es la más adecuada si tenemos en cuenta que la mejor medicina para el progreso son las posturas y actitudes positivas. Todos nos podemos equivocar y los árbitros los primeros porque tomar decisiones en décimas de segundo no es nada sencillo. ¿Apartar a un árbitro durante dos semanas le va a convertir en mejor profesional? Tengo mis serias dudas respecto a la eficacia de este método.
En contrapartida, soy de los que opino que el estamento arbitral se empeña consciente o inconscientemente en seguir una línea paralela a la evolución del deporte en sí lo que tiene como principal consecuencia que hayan determinados aspectos del juego que no logren asimilar. Por ejemplo y para resaltar un punto que encuentro especialmente urgente, los árbitros deben trabajar en la unificación de criterios que desvirtúan en ocasiones su trabajo y que dejan preguntas capciosas en el aire que no deberían existir. Casos como la permisividad defensiva, los pasos de salida o la acción continuada levantan ampollas prácticamente en cada partido y conviene pasar página para no estar constantemente hablando de la diferencia de criterio arbitral.
domingo, 7 de marzo de 2010
Con stuckey llegó el susto
La tragedia se asomó días atrás en Cleveland, pero el destino no quiso que Stuckey engrosara la lista de dramas en el deporte profesional. Por una vez, la historia no tuvo un final trágico.
Para aquellos que no estén informados sobre el tema, Rodney Stuckey, base titular de los Detroit Pistons, sufrió un colapso durante el encuentro que enfrentaba en Ohio a su equipo a Cleveland Cavaliers y tuvo que abandonar el pabellón en una ambulancia tras marearse en un tiempo muerto y derrumbarse. La escena fue de esas que ponen la piel de gallina, Stuckey comenzó a convulsionar sobre el parquet hasta que finalmente los paramédicos se lo llevaron al hospital asistido con respiración artificial.
Esta historia ha devuelto a las portadas todos los casos de muertes repentinas de deportistas profesionales y una serie de reflexiones que ya son un clásico de los medios de comunicación. La pregunta que todos nos hacemos es ¿se puede prevenir este tipo de muertes? Los avances médicos identifican potenciales causas como la miocardiopatía hipertrófica, una enfermedad coronaria congénita, pero no hay una solución infalible porque cada persona es diferente. No encontraremos un antídoto que aparque este mal fuera del deporte de la misma manera que tampoco se encontrará para el resto de personas que no somos atletas y que también tenemos el riesgo de un buen día sufrir un achaque.
Cuantos más casos de riesgo sean identificados, más se reducirán las muertes repentinas, pero tenemos que ser conscientes y estar preparados para aceptar que es algo que puede pasar. El deporte profesional requiere de enormes esfuerzos y no todos los profesionales disfrutan de un cuerpo en perfecto estado para mantener durante toda una carrera una exigencia física extrema.
El planteamiento que se debería poner sobre la mesa es la necesidad un control médico más exhaustivo desde edades más tempranas y no solo en clubes de clara proyección. De momento se habla más de lo que se pone en práctica por falta de medios. Por otro lado, también se debería enseñar como parte de la formación de un deportista de élite las consecuencias que puede tener convertirse en un profesional aparte de la fama y el dinero. En la vida no todo son flores, tampoco para los atletas.
Afortunadamente, Stuckey ya tiene el alta, está recuperándose en casa y muy probablemente volverá a las pistas en un futuro. Le deseo toda la suerte.
Para aquellos que no estén informados sobre el tema, Rodney Stuckey, base titular de los Detroit Pistons, sufrió un colapso durante el encuentro que enfrentaba en Ohio a su equipo a Cleveland Cavaliers y tuvo que abandonar el pabellón en una ambulancia tras marearse en un tiempo muerto y derrumbarse. La escena fue de esas que ponen la piel de gallina, Stuckey comenzó a convulsionar sobre el parquet hasta que finalmente los paramédicos se lo llevaron al hospital asistido con respiración artificial.
Esta historia ha devuelto a las portadas todos los casos de muertes repentinas de deportistas profesionales y una serie de reflexiones que ya son un clásico de los medios de comunicación. La pregunta que todos nos hacemos es ¿se puede prevenir este tipo de muertes? Los avances médicos identifican potenciales causas como la miocardiopatía hipertrófica, una enfermedad coronaria congénita, pero no hay una solución infalible porque cada persona es diferente. No encontraremos un antídoto que aparque este mal fuera del deporte de la misma manera que tampoco se encontrará para el resto de personas que no somos atletas y que también tenemos el riesgo de un buen día sufrir un achaque.
Cuantos más casos de riesgo sean identificados, más se reducirán las muertes repentinas, pero tenemos que ser conscientes y estar preparados para aceptar que es algo que puede pasar. El deporte profesional requiere de enormes esfuerzos y no todos los profesionales disfrutan de un cuerpo en perfecto estado para mantener durante toda una carrera una exigencia física extrema.
El planteamiento que se debería poner sobre la mesa es la necesidad un control médico más exhaustivo desde edades más tempranas y no solo en clubes de clara proyección. De momento se habla más de lo que se pone en práctica por falta de medios. Por otro lado, también se debería enseñar como parte de la formación de un deportista de élite las consecuencias que puede tener convertirse en un profesional aparte de la fama y el dinero. En la vida no todo son flores, tampoco para los atletas.
Afortunadamente, Stuckey ya tiene el alta, está recuperándose en casa y muy probablemente volverá a las pistas en un futuro. Le deseo toda la suerte.
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