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lunes, 28 de septiembre de 2009

Ricky Rubio MVP

Ricky Rubio aprendió a sufrir en cuatro meses de concentrada realidad burocrática. Por primera vez en su corta carrera profesional, el de El Masnou se encontró en la tesitura de tomar la que era la primera decisión trascendental para su futuro: continuar su evolución en terreno conocido o aventurarse a un giro radical en su trayectoria. Con el draft de la NBA reclamándole y unas condiciones económicas en su club más que discutibles, Ricky tuvo que reflexionar sobre su futuro a corto y medio plazo. Además, por si fuera poco plantearse hacia dónde dar el primer gran paso, Rubio tuvo que convivir con las presiones colaterales que le llegaban desde todos los flancos; del que era su club, el Joventut, obviamente de su encrespada afición, la prensa y, cómo no, de los pretendientes que luchaban por hacerse con los servicios del jugador más mediático. Mientras la presión generada en unas negociaciones multibanda e interminables se hacía insostenible, Rubio se dejaba la piel con la Selección que en Polonia no se conformaba con otro metal que no fuera el oro. Sin duda, una situación límite para un novato.

Ricky no conocía lo que era ser el centro de atención en otro escenario que no fuera el de la combinación de su edad y talento. Tampoco estaba acostumbrado a ser el malo de la película y en el escenario en el que se encontraba, lo iba a ser al menos para los que habían sido sus fans en Badalona. Solo ante el peligro, pero con el temple de los clásicos héroes del oeste, Rubio fue fiel a sus principios. Sin titubeos tomó sus decisiones dependiendo de cómo soplaban los vientos hasta que finalmente llegó el día en que todas las partes convergieron en un punto común y carpetazo. Caso cerrado aunque en el camino se quedaron algunas heridas sin cicatrizar que todavía darán que hablar en los próximos meses.

A sus dieciocho años su vida sigue más revolucionada que la de cualquier otro compañero de quinta, pero el Ricky de hoy no es el mismo que el que, por ejemplo, fue a Pekín a disputar los JJOO. Su etapa como niño prodigio se desvanece y da paso a un futuro lleno de posibilidades y responsabilidades. Rubio inicia una nueva etapa en un ambicioso Barça con un lucrativo contrato en el bolsillo, mantiene intactas las perspectivas de dar el salto a la NBA en un par de años y goza de una cobertura mediática de estrella. Lo tiene todo de cara para convertirse en la referencia del baloncesto nacional en pocos años, pero no será un camino fácil y tampoco gradual. A partir de esta temporada, a Ricky Rubio, una de las estrellas del Barça y de la liga, se le exigirá más que nunca y eso conlleva grandes dosis de presión. No habrán excusas que valgan y los resultados deportivos dictarán sentencia sobre el acierto del fichaje más caro de la historia del baloncesto español. Afortunadamente para el jugador, si las críticas arrecian en algún momento, no le pillarán por sorpresa porque sin ir más lejos, Rubio ya vivió su particular calvario en Polonia cuando en los primeros compases del europeo no encontraba la medida a los sistemas de Sergio Scariolo. Su calidad, el apoyo de sus compañeros y la presencia de su familia le ayudaron a superar el bache y a convertirse en mejor jugador.

Ricky Rubio será uno de los protagonistas de la temporada y seguro que el debate en torno a su figura se prolongará hasta final de curso cuando se podrá valorar su rendimiento en función de la estadística y del número de títulos que logre su club. Los casi cuatro millones de euros que ha pagado el Barça a la Penya en concepto de traspaso será la mecha que mantenga viva la polémica, pero Rubio no ha tardado en hablar de la mejor forma que sabe, con su juego. En la final de la Lliga Catalana que le enfrentó precisamente a su ex equipo, el Joventut, Ricky no se arrugó y dirigió con mano maestra a los azulgrana que apabullaron a los verdinegros. Por cierto, Ricky Rubio fue el MVP.

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