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lunes, 21 de septiembre de 2009

The Gold Team

El cuento no podía tener otro final que con una España en lo más alto del podio disfrutando de su condición de campeona del Eurobasket 2009. Final feliz para una nueva entrega de la Ñ. La generación de oro del baloncesto español sigue agrandando al que ya es por méritos propios uno de los mitos del deporte nacional. Si a modo de resumen hacemos un breve repaso a las últimas cuatro grandes citas comprobaremos que los resultados difícilmente podrían ser mejores: campeones del mundo en Japón 2006, subcampeones de Europa en Madrid 2007, subcampeones en Pekín 2008 y campeones de Europa justo ayer.

La final no tuvo mucha historia si nos ceñimos al aspecto meramente deportivo porque fue un calco de lo que había sucedido anteriormente en semifinales ante Grecia, en cuartos ante Francia o ante los anfitriones, Polonia, en el último y decisivo partido de la segunda fase; España aplica una marcha extra a su juego y desde el salto inicial marca las distancias. La intensidad defensiva es la base a partir de la cual España desarrolla su juego y los jugadores son conscientes de que no puede haber excepción en la tensión defensiva; todos tienen una misión que cumplir y si uno falla, hará fallar a todos. A partir del sacrificio conjunto, la Selección asfixia al rival que no encuentra vías de anotación y le somete a un juego de despropósitos.

Serbia se antojaba como un oponente complicado, de hecho nos hizo morder el polvo en el partido inaugural del Eurobasket, pero ayer no estaba en el guión que fuera su día. España saltó al parquet con la convicción de que si se mantenía fiel a sus principios, Serbia no tenía opciones y el Oro no se escaparía. Así fue, desde el primer cuarto la diferencia en el marcador no dejó de aumentar hasta rozar la treintena en varias fases de la segunda parte. Una vez más Pau Gasol fue el guía espiritual de los españoles con una lectura del juego soberbia y dejándose notar en cada acción. A partir de él, el resto de jugadores cumplieron con el rol que tienen asignado y compartiendo un denominador común: no tenían dudas de cómo iba a acabar la fiesta.

Alguien puede pensar que el torneo estaba descafeinado viendo la aparente comodidad con la que España ha superado cada eliminatoria, pero nada más lejos de la realidad. Para ganar con la solvencia mostrada por el combinado nacional, se tiene que trabajar muy duro y combinar grandes dosis de talento, mentalidad ganadora y motivación a raudales. Por otra parte, el automatismo flexible del juego español no es fruto de una semana de trabajo, sino todo lo contrario, de muchos años sacrificándose y creyendo en una filosofía de juego. Si el desenlace fue relativamente cómodo, es mérito del excepcional trabajo que se ha venido realizando los últimos años en torno a este grupo.

Llegábamos a Polonia como claros favoritos al oro, pero el destino es caprichoso y nos tenía preparado un último obstáculo. La Selección sufrió una plaga de micro lesiones a lo largo de la preparación que provocó en los compases iniciales del torneo que la dinámica del juego español no tuviera la frescura habitual. La falta de ritmo y efectivos nos hizo perder dos partidos, Serbia y Turquía, y la clasificación para cuartos no se certificó hasta una emocionante última jornada de fases. Se alzaron voces críticas que no tardaron en generar el debate y la polémica sobre el equipo. Sergio Scariolo fue uno de los objetivos más claros de los clásicos oportunistas que siempre están agazapados esperando su oportunidad para dar la nota. Crueles y desafortunados, atacaron la supuesta injerencia de Scariolo en el que había sido consensuado como el aspecto más sólido del combinado, la cohesión del grupo. El técnico transalpino nunca perdió la compostura y supo tirar del carro a pesar de la presión a la que estaba siendo sometido. Los jugadores tampoco se dejaron afectar por las críticas del momento y lograron sobreponerse a la desagradable situación a base de entrega e ilusión por alcanzar la meta.

No es justo destacar a un jugador por encima del resto, pero tampoco lo sería no hacer una mención especial a Pau Gasol. Elegido MVP del europeo, el mayor de los Gasol se ha consagrado como uno de los jugadores más determinantes de la historia del baloncesto. Pau es el líder de la selección y, como repetí una y otra vez en las retransmisiones en la 95.2 FM en Catalunya, su talento natural marca las diferencias allá donde esté. Con un anillo de la NBA en su poder, a Gasol solo le queda colgarse el oro en unas olimpiadas para tener el repoker.

En definitiva, España ya tiene su oro y han quedado saldadas algunas deudas del pasado.

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