Traduce este Blog a: Inglés Francés Alemán Italiano Chino

viernes, 16 de abril de 2010

Una final con sabor a victoria

No pudo ser y el Ros Casares se quedó a las puertas de alzarse con la Euroliga ante casi 8000 aficionados que prácticamente llenaban el pabellón de la Fuente de San Luís. En semifinales, las jugadoras de Isma Cantó arrollaron al Wisla polaco demostrando que este año ha dado ese paso necesario para codearse de tú a tú con los mejores equipos del continente, pero el Spartak de la final con sus estrellas motivadas por conseguir el que sería su tercer cetro europeo consecutivo, tuvo siempre el partido bajo control y dando la sensación de estar un punto por encima de las españolas.

No pudo ser, pero fue. Todavía no tocaba hacer realidad el sueño de un club y de un patrocinador que, al igual que otros, lo están dando todo por el baloncesto femenino en este país y eso que luchan contra viento y marea. El Ros Casares luchó hasta el final del partido pero no era su día. No lo fue hace dos años en Moscú donde perdieron con el mismo rival por doce puntos y ayer tampoco lo fue aunque en esta ocasión solo cedieron por siete. Desde hace muchos años soy un gran defensor de ese dicho popular que dice que para perder una final, se tiene que jugar y si bien la segunda posición no deja el mismo sabor de boca que levantar el trofeo, no hay que desmerecer el trabajo y el éxito logrado.

El partido fue incómodo para las jugadoras del Ros porque ir por detrás los cuarenta minutos intentando voltear el marcador representa una presión desmedida que a medida que avanza el partido llega un punto en el que ejerce una influencia negativa en la moral de las jugadoras. En varios momentos del partido fue posible alcanzar a las rusas, pero por unas circunstancias u otras no se materializó la remontada y se eternizó ese papel de perseguidoras que a la postre desesperó al equipo valenciano.

No me gusta destacar a unas jugadoras sobre otras, porque el baloncesto es un deporte de equipo, pero en la final de ayer Diana Tauresi demostró que es de este planeta por casualidad. Tiene talento para dar y repartir y sin alcanzar el nivel de excelencia que logró en semifinales, ante el Ros Casares Tauresi sumó 29 puntos, gran parte de ellos en momentos donde la pelota quemaba. Ella es la gran diferencia entre un equipo campeón y otro que está muy cerca, pero al que todavía le queda un paso más. Las grandes jugadoras marcan las diferencias y Tauresi lo es y sabe cómo liderar a su equipo.

En definitiva, me quedo con todo lo positivo que ha representado esta Final Four de Valencia. Un público entregado a su equipo, record de asistencia en la Final Four, un Ros Casares alcanzando la final por la puerta grande y un Spartak que hace historia con su tercer título de Euroliga consecutivo con una Tauresi de ensueño.

No hay comentarios:

Publicar un comentario