Los cuartos de final de la Euroliga entran en su segunda semana y ahora sí que sí, no hay vuelta atrás, un despiste significa la despedida del sueño continental.
El clásico nacional representa la serie que está movilizando el interés por el baloncesto en este país y no está defraudando. De hecho, los rectores de Teledeporte todavía se están frotando las manos tras comprobar que el baloncesto también mueve masas: nuevo récord de audiencia en una retransmisión deportiva en el primer partido de la serie. La noticia es especialmente positiva si se tiene en cuenta que la cadena estatal tiene los derechos compartidos con alguna autonómica. Ahora confiemos que estos excelentes ratios representen el mejor acicate para que la dirección de Teledeporte haga de la Euroliga una de sus insignias el próximo año y formalice un producto de calidad.
Por lo que se había visto hasta la fecha, se temía que el Barça pusiera la directa hacia la Final Four, pero nada de eso. Los pronósticos existen para demostrarnos que ni el más sabio puede predecir el futuro; ahí radica la gracia de esto de jugar a las adivinanzas. Ettore Messina cogió su libro de esencias y ha hecho de su Madrid un conjunto altamente competitivo, preparado para destronar al Rey. Del Madrid “Cenicienta” que hemos visto en otras citas del curso no queda ni siquiera un resquicio. Este Madrid de Tomic y de Prigioni muerde y no le importa ser mordido; mientras que el Barça ha andado más perdido que Fernando Alonso con su obsesión por convencernos de que la F1 “es divertida”. Hasta el momento, hemos visto al club catalán huérfano de líderes, Rubio y Navarro no están produciendo, y no ha encontrado la manera de plasmar la superioridad de la que ha hecho gala a lo largo de la temporada ante esta nueva orientación merengue.
Dos partidos y una victoria para cada uno. Ahora toca viajar a la capital y comprobar si la tónica de la serie se mantiene por los mismos derroteros o si Pascual reacciona y provee a sus pupilos de alguna variación táctica que devuelva la ventaja al bando azulgrana. Precisamente ayer me preguntaron sobre las claves para este Barcelona y me tomé la libertad de adoptar una postura “a la Martini” (quienes todavía no le conozcáis, le podéis escuchar en el programa de radio “Pick & Roll”) y responder aquello de anotar un punto más que su rival en los cuarenta minutos reglamentarios. No hay más. Pascual tiene que buscar alternativas para reciclar ciertos aspectos del juego que no están produciendo como en otras ocasiones, pero si, por ejemplo, Navarro sigue con su esperpéntica serie en el lanzamiento de tres, la pizarra no puede hacer magia.
El dato más positivo a estas alturas de la película es que puede pasar de todo. No se puede descartar ningún resultado, así que, por ejemplo, eso de que es muy complicado ganar dos partidos seguidos es tan cierto como falso. El vencedor del partido del martes preparará toda la artillería para el del jueves, con el objetivo de cerrar el cuento sin esperar al lanzamiento de moneda al aire que representa el partido de desempate y ¿quién se atreve a decir que no puede hacerlo?
La Euroliga representa el mejor baloncesto del viejo continente y llegados a cuartos toca disfrutarlo porque a la vuelta de la esquina nos plantamos en Paris. En los últimos años se ha puesto en tela de juicio la calidad de la competición, pero yo planteo una reflexión, ¿tenemos alguna mejor? Cierto que la primera competición española, la ACB, goza de buena salud, pero al fin y al cabo es cosa de tres. En la Euroliga tenemos más y mejores candidatos al trono. Ha llegado el momento de reconocer los méritos de un Jordi Bertomeu que está levantando una competición de primer nivel con unos recursos ciertamente limitados, pero a quien se intenta poner una cruz día sí y día también. Todo indica que a los mosqueteros del basket les cuesta poner en práctica aquello de “todos para uno y uno para todos”.
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